Cuantas veces lo cotidiano nos conduce a la planicie mental. ¿O será al revés? Largos periodos de oír, ver, hablar, hacer. Largos periodos de bajo perfil creativo. Las ideas, la satisfacción, el encuentro, la realización, el compromiso perdidas en alguna zona neuronal en estado sabático. Y mientras, en ocasiones, nos preguntamos el porque de estos lapsus anodinos. ¿Desaparecieron las ideas? ¿Somos entes consumistas? ¿Perdimos el norte y buscamos el ombligo? ¿El mañana es blanco o tal vez negro?
Una cita reciente, para llegar a la nada. Es de Manuel Vicent, publicada en El País, el 14-08-11: "(...) aquellos dulces veranos (...) en Dénia. (...) Bajo el sol de mediodia (...) ese aroma que la brisa salada extendía sobre el mar creaba por primera vez el universo y ya no existía la memoria, no había corrupción política, (...) ni desencanto, ni reconversión industrial, sino la luz de los sentidos fundida con el pensamiento. Nada".
Esta es la versión lúdico-festiva-veraniego, pero a la nada también se llega a través de la atmósfera contaminada de la urbe, el ruido constante y la saturación de estímulos.
.
.
.
.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada